El Barrio Judío de Palma

La judería de Palma, Call en mallorquín, es uno de los emplazamientos más fascinantes de la ciudad por la historia que atesora entre sus calles. Los judíos malloquines, como en otras tantas partes de Europa, han sido tradicionalmente una minoría discriminada, recibiendo en la isla un nombre que los singulariza: xuetes. Un colectivo cuya presencia, víctima de los pogromos y la conversión forzosa, fue apagándose con el tiempo. Y con ellos, su legado artístico. Sin embargo, aún hoy el recuerdo de la comunidad judía sigue presente sobre todo en buena parte de apellidos típicamente mallorquines.

El Call ocupa el cuadrante nordeste de la ciudad de Palma o, dicho grosso modo, parte del área comprendida entre la Plaza Santa Eulália y Porta d’es Camp. Los ejes de esta antigua judería lo conforman la calle de Sòl y la unión de la calle de Montisión (nombre de evidente raigambre judaica) y la calle del Seminari Vell. Es una zona con un look urbano muy característico: calles tranquilas y estrechas, algunas de ellas sin salida. No en vano, Call significa “callejuela”.

Debido a la persecución de los judíos, pocos restos artísticos quedan para dar fe de su presencia. Su sinagoga, sin ir más lejos, fue sustituida por la actual Iglesia de Montesión, por otra parte, una de las joyas arquitectónicas de la ciudad. Tampoco quedan restos del muro que rodeaba el Call para segregar a sus habitantes del resto de la ciudad. Sin embargo, aún hoy, caminar por la judería fascina por lo intrincado del trazado de sus calles y la cantidad de curiosidades que asaltan al paseante. La más famosa es la denominada “calle del viento”, la cual, por su ubicación, trazado y estrechez provoca que siempre la recorra una corriente de aire más intensa que en el resto de calles.

Y tampoco es una zona exenta de leyendas, algunas trágicas y otras misteriosas. ¿Qué ocurrió en la famosa calle de la “Torre del Amor”?

Los judíos mallorquines: una historia trágica

Las vicisitudes trágicas de la historia de los judíos europeos quisieron que la comunidad judía mallorquina, una de las más populosas de España, se fuera extinguiendo. A pesar de haber aportado a Mallorca algunas de sus personalidades descollantes, como el navegante Jafuda Cresques, los judíos no consiguieron salvarse de la intolerancia. En 1391 sufrieron un famoso asalto al Call, un hecho que sería la antesala de la conversión forzosa al cristianismo en 1434. Sin embargo, algunos de ellos siguieron conservando sus costumbres, hecho que no pocas veces provocaba persecuciones de la Inquisición, cuando no reafirmaba el secular odio que hacia ellos conservaban los cristianos.

La herencia judía, hoy

No obstante, actualmente se experimenta un interés por la historia y avatares de los judíos mallorquines. Diversas iniciativas municipales, como la creación de un “Centro de Interpretación del Call”  buscan rehabilitar y dignificar la huella que esta comunidad ha dejado en la cultura mallorquina. Lo mismo que tratan de conseguir la organización de eventos sobre la cultura judía o las recientes “Jornadas Culturales Judaicas”.

Sin embargo, en contra de lo que puede parecer, el legado judío en Mallorca no sólo discurre donde habitaron, entre muros y en calles estrechas, los antiguos semitas de la isla. Actualmente, su herencia está en toda Mallorca. Apellidos tan típicamente mallorquines como Fortesa, Pinya, Aguiló, Pomar o Miró deben sus raíces a la huella hebraica en la isla. Una prueba más de que la herencia de este pueblo sigue viva.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *