Castillo de Bellver

El Castillo de Bellver es uno de los tesoros artísticos e históricos más preciados de Mallorca y de toda España. Este monumento, tan emblemático como La Seu, forma parte por derecho propio del skyline de Palma. Situado en lo alto de una elevación a más de 120 metros de altura y rodeado por un bosque, toda la ciudad permanece bajo su imperturbable mirada. Esta privilegiada situación ha provocado que, históricamente, este castillo se haya utilizado como fortaleza o prisión, y raro es el disturbio acontecido en Palma en el que no aparezca, ya sea para defender la ciudad o para castigar con el cautiverio a diversas personalidades. Muchas de ellas personalidades de relumbrón, entre las que, en un momento, se llegó a encontrar el mismísimo Jovellanos.

El Castillo de Bellever: Un hito del Gótico

El Castillo de Bellver se construyó entre 1300 y 1311 y su autor fue el arquitecto Pere Salvà, el mismo que intervino en la remodelación de la Almudaina. Se inició a instancias de Jaime II, el hijo del famoso Jaime I el Conquistador, llamado así por ser el responsable de la recristianización de la isla después del domino musulmán.

El Castillo de Bellver nació con el doble propósito de ser fortaleza y residencia real. Una circunstancia que ha condicionado su doble naturaleza, contundente y sutil, severa y estilizada. Un contraste que salta a la vista: al exterior rotundo y defensivo, de gruesos muros y profundo foso, le sigue un interior circular, con estilizadas columnas y los equilibrados arcos ogivales tan característicos del gótico. Mucha atención al patio circular: es uno de los primeros castillos góticos europeos en tenerlo. Y no son muchos los castillos que ofrecen este diseño de planta. Un pequeño privilegio del que no son conscientes muchos mallorquines.

Junto a este diseño circular, podemos encontrar tres torres adosadas, también de planta circular. Una cuarta torre, permanece aislada del cuerpo principal, sólo unida por un pequeño puente. Su nombre es la Torre del Homenaje y es la más famosa de todas. Parte de la fama que ostenta la ha tomado de las personalidades a las que encerró entre sus muros. La más importante de ellas: el más reconocido ilustrado español, don Gaspar Melchor de Jovellanos, quien fue cautivo entre 1802 y 1808.

Hoy, el Castillo de Bellver se ha despojado de todo componente truculento. Ya no encierra a ninguna persona sino que alberga a multitud de visitantes, palmesanos o extranjeros, que cada año pasan por su interior. Tal vez sea actualmente cuando el castillo ha recuperado su esencia, la naturaleza que encierra su nombre: “Bellver”, en castellano, bella vista.

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